Sé que la piratería enoja en demasía a los autores, porque no sólo disminuye las ventas si no que también desvirtúa su trabajo. Muchos de los libros que se encuentran para descargar están mal traducidos, vienen por la mitad, o la calidad es nefasta. Pero a eso nos enfrentamos al momento de leer, ¿cierto? No digo que esté bien. De hecho sé positivamente que está mal, sin embargo el deseo de leer es muy grande y el bolsillo está más vacío que lleno. Muchos lectores latinoamericanos estarán de acuerdo en que, hace un tiempo, los precios de las librerías se han ido más allá del cielo. Yo tengo la dicha de trabajar y poder comprar los libros, pero no todos tienen esa suerte. Sin ir más lejos, ninguno de los libros de Jamie McGuire -quien tiene una posición anti-piratería más que consumada- llega a la Argentina. Por ende, me vi en la situación de querer leerlos y no poder. Así que los descargué. ¿Qué ocurre con los que no tenemos tarjeta de crédito? No podemos descargar los libros por internet, ni siquiera pagando por ellos. Es injusto, en cierta forma.