¡OMG! Definitivamente necesitaba de
Maleficio de Piedra para volver a reseñar en el blog. La última que hice fue la del segundo libro de esta saga, así que imagínense... Si hicieron números, se habrán dado cuenta de que no publicaba una reseña hacía mucho tiempo
*desde octubre cof cof* No puedo asegurar que vuelva a hacerlo tan seguido, pero prometo intentarlo. ENNNNN FIN.
¿No leyeron
Witches: Lazos de Magia o
Witches: El Club del Grim? ¡No desesperéis! Lean las reseñas que hice de los dos (den clic en los enlaces) y/o directamente métanse de lleno con este. Tal como en el anterior,
Tiffany re-explica algunas cosas para aquellos que recién se inician en la saga. Igualmente deberían leer los tres. Creo que les van a gustar.
¿Qué me pasó con este libro?
Se me terminó rapidísimo. Quizá demasiado rápido. Quiero decir que literalmente me lo leí en un santiamén. No quería parar. Con los otros dos me ocurrió lo mismo, así que eso me alegró mucho.
*algo que me resultó tedioso fue la cantidad de errores de edición que encontré.
Lo siento, pero había que decirlo.
Es casi como una marca registrada en estos libros*
Amé la división de capítulos. Me encantó poder ver las cosas desde el punto de vista de las
hermanas Westwood y
Michael.
Lyn resultó ser un personaje muy interesante. La forma en que piensa, lo que la lleva a actuar como lo hace. Creo que de todos los narradores, ella fue la que más me gustó en este libro.
*MUERO si en el próximo aparece Marcus* En cuanto a
Madison, debo admitir que estoy más que conforme con algunos de los cambios que se produjeron en ella a lo largo de esta tercera entrega. El estar dispuesta a hacer lo que sea con tal de alcanzar su meta, el no rendirse ante la adversidad, su fortaleza y valentía a pesar de las circunstancias. Sin dejar que la angustia o el dolor tome partido, lucha por mantenerse a flote e ir tras su objetivo. La noto más peligrosa que antes, más decidida, como si de golpe se hubiese convertido en una mujer de armas tomar... en todo aspecto. Hay escenas suyas que me dejaron sorprendida.
Me adentré en la multitud, caminando con seguridad. Mantuve la cabeza en alto, evitando los ojos de los que me rodeaban. Aplastando cualquier tipo de esperanza de que fueran a recibir mi atención.
—Te apropiaste de todo, mi cabeza, mi corazón, mi alma, y como resultado de eso me convertí en otra persona. Alguien que se arriesga y lucha por lo que quiere.
De las
hermanas Westwood rescato que siempre me divierto con ellas. Se trate de
Lyn o de
Maisy, las dos le dan a cada libro la dosis de alegría y diversión que hace falta. Cada una tiene algo que la hace única, por supuesto. El haber tenido la posibilidad de leer a
Lyn me da la pauta de que no es tan frívola e insensible como se muestra, si no que hay todo un motivo ulterior detrás de su comportamiento. Pasa lo mismo con
Mais. Su conflicto interno, el debate entre lo que se quiere hacer y lo que se debe, es muy marcado. Y fue genial poder ver el recorrido del personaje hasta que llega a la conclusión final.
¡Marcus! Con cada nueva entrega de esta saga me convenzo de que tener un amigo como él es la clave de la felicidad, gente. En
Maleficio de Piedra conocemos un lado de él que jamás habríamos imaginado. Lo vemos inmerso en este mundo que no termina de comprender pero que acepta y admira de todos modos. Tanto él como
Lucy son leales e incondicionales, algo que
Madison valora por encima de muchas otras cosas.
—Si engañas a Ashford romperé una botella y te la clavaré en el pecho—me advirtió—. Eso o iré como Hulk sobre tu trasero.
Los demás personajes secundarios tienen un grado de importancia que aumenta con el correr de las páginas.
Galen sorprende y al mismo tiempo es predecible.
Samuel Cassidy...
*¡QUIERO UN POV DE SAMUEL, TIFFY!* Creo que amé ese personaje. Tiene una melancolía que me insta a querer curar. Cuando aparece en escena quiero apapacharlo y decirle que todo va a estar bien. Es un buen amigo y el cambio que presenta en este libro me fascinó.
El mundo de las brujas siempre ha llamado mi atención, así que esta saga me interesó desde que supe de ella. En este libro vemos más magia, más hechizos, y aprendemos también un poco más sobre ese mundo que los simples mortales tan sólo podemos imaginar.
*pobres de nosotros los muggles, cof cof* Cada capítulo termina con una frase que te insta a seguir leyendo. Cada narrador tiene algo que lo caracteriza, algo que lo hace diferente a los demás personajes. Me gustó ver el lado oscuro y frío de
Michael. Esa lucha que tenía lugar todo el tiempo entre su corazón y la mente, entre su yo consciente y aquella versión de sí mismo que se empieza a apropiar de él, arrebatándole prácticamente la cordura. En más de una ocasión me rompió un poquito el corazón por algunas de sus actitudes porque, cómo no, el objetivo de todo este maleficio es complicar la relación entre
Mic y
Madi. Como dije antes, me reí mucho con
Marcus. También se me escapó más de una sonrisa tierna con
Lucy,
Ewan,
Samuel y
Maisy, adoré por completo a
Lyn, siseé a
Galen, y se me subió un poco la temperatura con
Michael y
Madison (? Ay, sorry, alerta de menores de edad. En este libro hay más interacción física, eso sí.
La sensación era intoxicante. Intensa. Desbordante. La sujeté contra el volante, trazando un camino de besos por la curva de su cuello. Probando, tentando. Cada roce con el propósito de torturarla.
—Di que eres mía—susurré.
—Siempre—respondió.
Me pareció muy interesante el
Festival de las Tres Lunas y sus respectivos retos. Estaba embobada leyendo lo que ocurría, imaginando la secuencia de los hechizos y demás
*tengan en cuenta que dicen magia y yo salto emocionada* Como ya deben de suponer, todo este libro gira en torno al bendito maleficio que
Alexa Cassidy (mi no tan adorada tocaya) deja caer sobre
Michael. Es una carrera contra el tiempo porque su corazón corre peligro de volverse de piedra y sus emociones de esfumarse. Con
Gabriel vaya uno a saber dónde, los lugares en los que encontrar respuestas se van agotando. Pero si bien esta lucha contra lo inevitable es el trasfondo, en la historia van pasando otras cosas con cada personaje y nos vamos adentrando en sus vidas, en sus propios problemas y la forma que encuentran de solucionarlos. Al fin y al cabo, la magia no lo es todo. Ellos tienen asuntos tan comunes y corrientes como nosotros.
Los dibujos de las caratulas de cada capítulo junto con la portada y contraportada del libro, nuevamente, son preciosas. Adoro el trabajo de
Sebastián Giacobino porque le da un toque único y rústico a cada libro. La pluma de
Tiffany es cada vez más ligera. Se nota la evolución que ha hecho de un libro a otro. Algunas de las descripciones me dejaron maravillada. Muy detallista. La lectura es tan amena y agradable que se te pasa el tiempo volando. No hay forma de que puedas aburrirte. Muchas frases son increíbles y me dejaron sonriendo por largo rato.
¡Y EL FINAL! Es como.. NAAAAH. NO PODES DEJARME ASÍ. Con cada nueva entrega me hace lo mismo esta autora. ¿Hasta cuándo tengo que esperar ahora?
*inserte aquí un emoticón de grito frustrado de whatsapp*
En resumidas cuentas, y sin irme por la tangente,
el libro me encantó. Tengo un grado impresionante de ansiedad, debido a la espera del cuarto. Ojalá tenga noticias al respecto muy pronto.
¡A leer
Witches: Maleficio de Piedra, mis amados abrazadores de libros!
OTRAS CITAS
El proceso era lento. Un veneno que se esparcía en mi sangre.
—Si quieres estar conmigo, tendrás que ganarme. Si mal no recuerdo, las chicas fáciles no son tu estilo...
El dolor estaba allí. Leve, aunque constante. Imaginaba una pequeña criatura anidando cerca de mi corazón. Esperando. Aguardando el momento para atacar.
—No llores—imploró Michael llevando las manos a su pelo—. Te veo llorar y sé que debería sentirme mal, pero a una parte de mí no le importa.
Eso solo me hizo llorar más.
Un novio eliminaría el problema que representaba Samuel. Sólo tenía que enamorarme de él.
Me sentía ruda, desafiante. Podía hacerlo, podía continuar así unos minutos más.
—No tienes vergüenza—me dijo Samuel.
—No, no la tengo.
Mi corazón, finalmente roto. El peso de sus palabras tan efectivo como una bala.
¿Qué había hecho? ¿Qué HABÍAMOS hecho? Me miré. Ambos teníamos ropa, eso era buena señal.
—Cuida tus espaldas, Madison Ashford, su traición será peor de lo que crees.